Mexico La Situación Problema en la enseñanza de la historia (2)

a través de Mexico

La “Cristiada”

CRISTIADA

Antecedentes y hechos

Explicar este conflicto resulta más complejo que simplemente presentarlo como un enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado, lo cual solo apunta hacia una parte del mismo sin considerar aspectos políticos y sociales que igualmente lo caracterizaron.

Comúnmente se trata a la guerra cristera como un movimiento regional, ubicado sustancialmente en el centro geográfico del país. Sin embargó, investigaciones recientes señalan la existencia de levantamientos cristeros en el norte hasta Bacúm, Sonora; así como en Parras y Saltillo, en Coahuila; y hacia el sur hasta Tapachula, Chiapas.

Otro supuesto “histórico” define a las relaciones entre la Iglesia (católica-apostólica-romana) y el Estado mexicano, como marcadas por el conflicto y la competencia. Así se subrayan al presentar los conflictos internos que vivió la nación mexicana luego de conquistar su independencia, contrastando la “visión conservadora” del clero mexicano con la postura “liberal” de quienes aspiraban a construir un Estado laico que organizara la vida de los mexicanos según las normas de la vida productiva y moderna.

En breves párrafos, los libros de texto que circulan en las escuelas, exponen cómo la iglesia decimonónica se opuso al cambio y el progreso, mientras que los formuladores de la ley en 1857 y después en 1917, hicieron lo necesario para rescatar al pueblo de su negativa influencia mediante la educación.

Una mirada más atenta permite destacar que, en la Asamblea Constituyente de Querétaro de 1917 fue un ala radical la que impuso una concepción de la sociedad como civil y obediente de las leyes, antes que agremiada por la fe. El Estado posrevoluconario que se formó en esta concepción, consiguió robustecerse, en tanto que los elementos de oposición al mismo, entre otros, los intereses de la Iglesia, fueron sistemáticamente debilitados.

El México de la década de 1920, estaba lejos de presentar algún tipo de homogeneidad en su territorio, o las necesidades y expectativas de la población de regiones tan distintas como el bajío y la selva lacandona o bien la cuenca de Anáhuac, la frontera Norte o la industrializada ciudad de Monterrey… Por lo mismo, las aplicaciones concretas de las leyes agrarias, en favor de los trabajadores, o las educativas señaladamente anticlericales, no se aplicaron de manera uniforme a lo largo y ancho del país.

Sin embargo, con el advenimiento de la “oligarquía” sonorense, encarnada en las figuras de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, la política de control y fortalecimiento del Estado se convirtió en una “necesidad” del grupo en el poder.

Evidentemente la competencia al interior no se frenó con los asesinatos de los opositores en armas: Emiliano Zapata (1919) primero, y años después, Francisco Villa (1923, a pesar de haber pactado), ni siquiera con la del antecesor de la facción triunfante: Venustiano Carranza (1920). En los estados y desde las organizaciones civiles (sindicatos, partidos políticos) y de corte religioso (congregaciones), la oposición subsistía e incluso se exacerbó, ante el intento de controlar, normalizar y aglutinar en un solo consenso la voluntad general.

En este contexto es que se destaca la aplicación de los artículos 130: “Corresponde a los Poderes Federales ejercer en materia de culto religioso y disciplina externa la intervención que designen las leyes…”, al igual que el 3° en su fracción I: “Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, el criterio que orientará [la] educación se mantendrá por completo ajeno a cualquier doctrina religiosa y, basado en los resultado del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios… y IV. “Las corporaciones religiosas, los ministros de los cultos , las sociedades por acciones que, exclusiva o predominantemente, realicen actividades educativas, y las asociaciones o sociedades ligadas con la propaganda de cualquier credo religioso, no intervendrán en forma alguna en planteles en que se imparta educación primaria, secundaria y normal, y la destinada a obreros o a campesinos”; y 27° Fracción II. “Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualquiera que sea su credo, no podrán, en ningún caso, tener capacidad para adquirir, poseer o administrar bienes raíces, ni capitales impuestos sobre ellos; los que tuvieren actualmente, por sí o por interpósita persona, entrarán al dominio de la Nación… Los obispados, casas curales, seminarios, asilos o colegios de asociaciones religiosas, conventos, o cualquier otro edificio que hubiere sido construido o destinado a la administración, propaganda o enseñanza de un culto religioso, pasarán desde luego, de pleno derecho, al dominio directo de la Nación, para destinarse exclusivamente a los servicios públicos de la Federación o de los Estados en sus respectivas jurisdicciones. Los templos que en lo sucesivo se erigieren para el culto público serán propiedad de la Nación…[1] El intento de observar rigurosamente tales disposiciones fue considerada una ofensiva anticlerical, por lo que la jerarquía católica se opuso a las restricciones constitucionales manifestando su inconformidad a través de una protesta publicada originalmente en 1917 que fue republicada en febrero de 1926, la cual tuvo un importante papel cuando el conflicto Iglesia – Estado que tomó forma en la guerra cristera, se volvió crítico.

1925, durante el gobierno del General Plutarco Elías Calles, marcó el inicio de una crisis mayúscula en las relaciones entre el gobierno y los católicos. Calles decidió aplicar con rigor el artículo 130, al tiempo que un buen número de sacerdotes de origen extranjero fueron expulsados del país.

De manera concurrente, el 22 de febrero de 1925, en la ciudad de México, un grupo de católicos pretendió fundar la Iglesia Cismática Mexicana, tomando posesión de la parroquia de la Soledad para convertirla en sede de su congregación. El templo fue recuperado tan solo dos días después por los fieles católicos de la capital. En este mismo año se fundó la Liga Nacional de Defensa Religiosa.

El 4 de febrero de 1926, el arzobispo de México, José Mora y del Río, fue consignado ante el procurador de Justicia por sus declaraciones sobre que “el clero católico no reconocería y combatiría los mandatos de los artículos 3º, 5º, 27 y 130 de la Constitución”, incidente que marcó el inicio de la “rebelión cristera”.

El 2 de julio del mismo año, el Presidente Calles emitió un decreto sobre delitos y faltas en materia de culto religioso. En respuesta, el Episcopado mexicano publicó una carta pastoral colectiva anunciando la suspensión de cultos en toda la República a partir del día 31 en que entraba en vigor lo dispuesto el 2 de julio.

Por su parte la Liga Nacional de Defensa Religiosa decidió entrar a la lucha sin recurrir a la violencia. Realizó propaganda para animar a la población católica a ejercer un boicot contra el gobierno a fin de presionarlo para que derogara los recientes decretos. El gobierno federal por su parte, dictó órdenes de aprensión contra los organizadores del boicot por lo que la Liga se vio obligada a ejercer una acción drástica: creó un comité de guerra para organizar un movimiento armado, éste tomó forma y para 1927 ya se extendía hacia el sur de Zacatecas, Jalisco, Colima, parte de Nayarit, Michoacán, Querétaro y Guanajuato llegando a propalarse a centros mas alejados.

Los rebeldes se llamaron así mismos primeramente “defensores”, luego libertadores y, por último, acogieron positivamente el nombre despectivo de “cristeros” para auto designarse.

El episcopado mantuvo una opinión contraria a la lucha armada, señalando que toda responsabilidad recaía en la Liga. Entre la curia dominó la opinión moderada del Obispo de Tabasco, Pascual Díaz, cuya actitud coincidía con la ordenada desde Roma. Pese a esta postura, muchos religiosos desatendieron las órdenes y participaron abiertamente en ayuda de los contingentes cristeros, aunque a título personal.

A los que inicialmente se agruparon alrededor de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa fueron adhiriéndose diversos grupos católicos (hacendados, pequeños propietarios, campesinos, miembros del clero…) e incluso no necesariamente católicos: campesinos y grupos que se encontraban molestos por la defectuosa o nula aplicación de las cláusulas de la Constitución en materia agraria. “Esta hipótesis perece ser confirmada por el hecho de que se incorporaran a la contienda grupos que tradicionalmente se habían mantenido al margen de los intereses comunes a los católicos que se rebelaron…”[2] entre ellos, el batallón de “los huicholes de San Sebastián”.

Los motivos pues, de quienes participaron en la Cristiada -grupos dirigentes, campesinos cristeros, cúpula eclesiástica- no eran necesariamente los mismos. De una parte incluso había publicaciones doctrinarias, mas para los contingentes populares lo realmente efectivo era el llamado al sentimiento religioso, a la gesta heroica de los cristeros muertos en la lucha, lo mismo que a la búsqueda de soluciones a la problemática agraria… “El cristero era ajeno a la alta intriga política, a las desavenencias entre el episcopado y la Liga. Su ideología correspondía a la de los hombres que antes integraron las tropas de Villa o de Zapata, resaltando su carácter defensivo y reivindicador.”[3]

En 1929, se celebraron los llamados arreglos entre el Estado y la Iglesia -en la construcción de los cuales tuvo que el embajador norteamericano Dwight Whitney Morrow. Dichos arreglos no satisficieron ni a los que coincidían en la actitud de la Liga ni a los liberales jacobinos mexicanos. Los arreglos se firmaron el 21 de junio de 1929, sin que mediara documento oficial alguno a causa de la personalidad extrajurídica de la Iglesia. El arzobispo reconoció la superioridad estatal y el gobierno la realidad religiosa, pero sin que éste mencionara la derogación de las leyes y revocación de los acuerdos. La única declaración favorable a la Iglesia fue la afirmación de que se aplicaría la Ley “sin tendencia sectarista”. Oficialmente el conflicto había terminado.[4]

Una SP sobre la Cristiada.

La secuencia que a continuación se presenta es una versión modificada una vez que se probó la original en el aula. El planteamiento, la estructura y documentos de apoyo fueron reconsiderados.

LA CRISTIADA ¿GUERRA POR CRISTO REY O POR LA LEY?

¿Fue una guerra contra la aplicación de leyes anticlericales o en contra de una autoridad no reconocida: el naciente Estado posrevolucionario?

Conceptos: Autoridad (ejercicio del poder), punto de vista y alteridad.

Nociones: Institucionalización: reconocimiento y consolidación política del Estado

1.       DESARROLLO DE LA SECUENCIA

Tiempo Organización Misión
SECUENCIA 1

Secuencia introductoria: se encamina a propiciar la confrontación de posturas opuestas acerca de la aplicación de una ley.

¿Cómo se justifica una frente a la otra?

20[5]m 3 equipos en paralelo con idéntica misión para los mismos.

Representación escénica de la época con base en un guión, elaborado por los alumnos,  basado en documentos diversos: mapas, fotografías, información estadística, corridos…

Los alumnos contarán además, con información general acerca de los diferentes grupos y personajes que representarán: biografía de Calles, de José Gorostieta, constitución de la “Liga”, etc.

Se reúnen para mostrar a través de una caracterización de roles las posturas manifiestas de los grupos que participaron en la Cristiada:

1. Un grupo de “cristeros” campesinos en una reunión con un grupo de “mujeres creyentes”, y un grupo representando a la “Liga”.

2. Un grupo representativo del gobierno en una reunión con un grupo representativo de la jerarquía católica, un grupo de los altos mandos “cristeros” y el embajador norteamericano.

3. Diversos grupos de representantes de la resistencia.

20 m Presentación al grupo de los trabajos realizados por los equipos. Escuchar atentamente qué es lo que el otro grupo tiene que decir apropósito de sus personajes a fin de poder comparar.
10 m Inicia una discusión libre al pleno del grupo.

El maestro registra las reacciones de los alumnos: sorpresa, indignación, incomprensión, reuniendo elementos que le permitirán organizar la situación de trabajo.

Ésta se reformula en la forma de interrogante.

Igualmente se consideran las observaciones de los alumnos concernientes a las posturas de los oponentes en este conflicto.

¿Qué piensan de esto?

(después de un tiempo)

¿Quienes eran estos personajes?

¿Qué intereses representan?

 

SECUENCIA 2

La secuencia está dedicada a las nociónes de Autoridad (ejercicio del poder) y punto de vista: puntos de vista contradictorios de dos autoridades de dos instituciones, puntos de vista a descifrar a través de la exploración del concepto de alteridad.

20 mn Se retorna a los equipos iniciales.

Esta vez intentarán explicar el conflicto “cristero” desde tres posiciones que contrastan y destacan posturas diversas.

Se reúnen en 3 equipos para exponer (de la manera que prefieran) los puntos de vista contenidos en los textos trabajados:

a) Punto de vista de un historiador mexicano que “ve” la guerra cristera como una “contrarrevolución”.

b) Punto de vista de quien “ve” en la Cristiada una confrontación al fascismo.

c) Punto de vista que observa la santificación de los mártires cristeros.

20 mn Exposición de los trabajos de los alumnos.

El  tiempo transcurre, el docente interrumpe las discusiones que lleguen a ser disparatadas. Intenta introducir en situación de cuestionamiento a los alumnos.

Escuchar atentamente lo expuesto por los equipos.
10 mn Inicia una discusión libre al pleno del grupo.

El docente registra en una tabla las observaciones que los alumnos hacen al respecto de las posturas que se evidencian en las exposiciones.

Igualmente se consideran las reacciones de los alumnos junto a sus conclusiones e hipótesis.

Qué piensan de esto?

(después de un tiempo)

¿Por qué la guerra cristera?

5 mn Exposición Magistral del docente que insiste sobre la nociones de Autoridad, como ejercicio de poder, y punto de vista, en donde las motivaciones de los oponentes juegan un papel fundamental, preparando así a los alumnos en la práctica de la crítica de testimonios para atraer su atención acerca de la importancia de mirar hacia el “productor” de los documentos que se abordan en la exploración de la historia.

Finalmente, el docente pide para el día siguiente la redacción de un texto individual, a fin de conocer qué es lo que cada uno ha concluido.

Escuchar, cuáles son las hipótesis que se han podido formular y recrear.

2.       REPRESENTACIONES

Conceptos en construcción: Autoridad (ejercicio del poder), puntos de vista y Alteridad.

Como se señaló al inicio, los libros de texto de historia de México, el tema es tratado de forma muy breve y simplista. Se da por hecho que la cristera fue una revuelta, un conflicto generado por motivos religiosos que concluyó después de que el Estado llegó a un acuerdo con la jerarquía católica. El episodio es poco resaltado debido, probablemente, a que el tema de la Revolución Mexicana acapara la atención. Quizá también tiene que ver el hecho de que se trata al tema otorgándole un carácter más bien regional.

Se puede afirmar, pues, que los alumnos tienen escasas representaciones a priori con respecto al episodio histórico que comprende la Cristiada, y si acaso existe alguna será la siguiente:

  • La Cristiada una guerra religiosa entre el gobierno federal y la Iglesia ctólica.

En el desarrollo de la Secuencia 1, dentro de los equipos de trabajo surgen representaciones, derivadas de la lectura de los diversos textos que podrían clasificarse en dos grupos:

  • El presidente Calles atacaba a la Iglesia porque era un ateo y masón…
  • La Iglesia fue agredida por un gobierno intolerante…
  • El gobierno obligo el cierre de las iglesias.
  • El pueblo mexicano es profundamente religioso y estaba inconforme con la aplicación de las leyes lo mismo agrarias que en materia religiosa…
  • Fue una guerra religiosa (para defender la fe católica)
  • El gobierno quería hacer respetar las leyes emanadas de la Constitución de 1917…
  • El gobierno fue retado en su autoridad por la Iglesia.
  • Los cristeros eran fanáticos religiosos y bandoleros…
  • El pueblo esperaba que la paz y el orden se recuperaran con la aplicación de las leyes…
  • Fue una guerra por la aplicación del derecho constitucional para defender la aplicación de la ley.

En todo caso, interesa atraer la atención de los alumnos acerca de las motivaciones que llevan a los oponentes -dos Instituciones: una naciente y otra con un arraigo formidable- a enfrentarse; así como hacia el impacto que la lucha política que se establece entre ambas tuvo entre la población civil que a su vez intervino en esta contienda institucional a través de una intervención armada y en donde manifestó su descontento no solo en materia religiosa, sino mas profundamente social.

Aquí se comprende que se cruzan mas de dos posturas ante un hecho particular: Por un lado la urgencia de hacer cumplir en su aplicación la Ley fundamental que sustenta al Estado y de esta forma lograr su consolidación institucional;  por otro, la resistencia que ofrece una Institución que busca no perder mas terreno e incluso recuperar un mayor control social y, entre ambas posturas, se encuentra la que terminan por adoptar los ciudadanos –católicos y no católicos- ante el conflicto que las dos primeras fracciones originan desde el plano político y que deviene en un levantamiento armado protagonizado por esta última fracción.

Estas motivaciones tan diversas que manifiestan los actores del conflicto cristero nos permiten no solo observar los objetivos nocionales concernientes a el proceso de institucionalización –en su reconocimiento y consolidación, por parte de Estado; y en su confirmación por parte de la Iglesia católica-  sino a demás permiten aprovechar las nociones de punto de vista en relación a “el otro ciudadano: cristeros, miembros de la Liga y comunidad no católica”,  tanto como al  “otro ser Institucional: Estado e Iglesia”.

  1. EL PUNTO ACERCA DEL CUESTIONAMIENTO

Reconocimiento y consolidación política del Estado posrevolucionario.

Dos nociones fundamentales a enfocar en el transcurso del trabajo: la noción de Institucionalidad y la de Autoridad como ejercicio de poder.

El primer aspecto de la actividad consiste en hacer que los alumnos tomen conciencia de la importancia que para el naciente Estado revolucionario revestía el hecho de lograr que la Iglesia lo reconociera como rector de la vida social de la nación acatando las disposiciones que su Ley fundamental dictase: fueran estas o no encaminadas a reducir su influencia ante la misma sociedad… Para lograrlo se necesitará resaltar el poder que aun posee la Iglesia sobre un amplio sector de la población y que hace que esta se levante en armas para defender su autoridad..

La segunda actividad consiste en hacer que los alumnos tomen conciencia acerca de que la Iglesia, como institución plenamente consolidada, ejerce una influencia enorme que la constituye en Autoridad plenamente reconocida por la sociedad, aun sin tomar parte activa en la revuelta.

Mas sin la participación de la sociedad -encarnada en los campesinos cristeros y de los representantes de la Liga- esta lucha por el predominio de una Institución sobre la otra no alcanzaría su formalización.

  1. INDICACIONES ACERCA DE LA ANIMACIÓN

Los documentos suplementarios

Los documentos suplementarios no son para ser utilizados en el transcurso de la situación problema en si misma. El profesor puede servirse de ellos si lo desea con el fin de apoyar su exposición magistral y para demostrar a los alumnos que el problema abordado no se limita a las posturas personales del Presidente Calles, a la de el Episcopado o a la de los integrantes de la Liga… Él podrá insistir acerca de la búsqueda que se puede hacer de manera imprudente al utilizar extractos de documentos “cortados”, (como sucede en los libros de texto) indirectos, que promueven una lectura sin veracidad.

Los complementos informativos

– Información complementaria acerca de Plutarco Elías Calles y la Oligarquía sonorense.

Información complementaria acerca de la Liga Nacional de Defensa Religiosa

 

  1. DOCUMENTOS

[1] http://pdba.georgetown.edu/Constitutions/Mexico/mexico1917.html

[2] Alicia Olivera de Bonfil: La literatura cristera. Instituto Nacional de antropología e Historia. Segunda edición. México, 1994. p. 24

[3] Stanley Ross La etapa contemporánea. .En: Historia documental de México, Tomo II, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México 1974.

[4] Ibíd.

[5] Quizá para trabajar esta etapa de la secuencia mas bien se requieran 2 o 3 sesiones de 20 mininitos cada una. Esto dependerá de la capacidad de organización que el grupo y/o los equipos manifiesten.

nota: Los textos de los documentos se anexan en un apéndice.

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Acerca de Graciela Fabian

Historiadora y profesora, me interesa conocer, comprender y disfrutar lo real-maravilloso-humano que se esconde en la sociedad.
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